Incomparable sólo una

Llegaron con el orgullo de ser una afición incomparable y fue lo único con lo que se regresaron, al no poder disfrutar de un triunfo de los Tigres.

Fueron 15 mil seguidores de los Tigres, en su mayoría familias, los que pintaron de amarillo la cabecera norte del recién remodelado Estadio Cuauhtémoc.

Pero la invasión comenzó a notarse desde el sábado por la noche en las calles del centro de Puebla. Los bares y restaurantes recibieron con gusto a los regios sedientos y hambrientos.

Fue lo único que pudieron saciar, además del gusto turístico al traerse souvenirs y selfies en las tradicionales iglesias de la llamada Angelópolis.

Eso los que viajaron desde el viernes, porque la mayoría llegó por la mañana de ayer en una notable caravana de autobuses con las ventanillas abiertas y el orgullo de los colores de Tigres con las banderas desplegadas.

Y a los que no llevaron les esperaban decenas de vendedores que traían más banderas de los felinos que del Puebla.

Los aficionados poblanos también aprovecharon la visita de los Tigres para comprar playeras de André-Pierre Gignac, aunque fueran piratas.

“Fue un viaje largo, de unas 14 horas, llega uno bien cansado, pero feliz de estar con los Tigres y demostrar el porqué incomparable sólo hay una”, expresó un seguidor.

Ya en la grada del Cuauhtémoc, al inicio el grito de ¡”Tigres, Tigres!” opacó a la afición poblana y aunque el sonido local trató de arengar a los seguidores de La Franja, era más ruidoso el apoyo felino.

Pero en el partido, los aficionados auriazules se contagiaron de la anemia goleadora del equipo y no fueron tan ruidosos como en anteriores invasiones al Azteca, al Hidalgo, al Omnilife o al Alfonso Lastras.