El inolvidable

Dicen que del equipo subcampeón nadie se acuerda, pero eso no pasó con el Atlas. A 20 años de la Final contra el Toluca, ese equipo rojinegro todavía es tema de conversación.

La nostalgia es el común denominador entre los futbolistas de ese equipo; es como si quisieran regresar el tiempo y definir todo antes de que llegaran los penaltis.

Aunque no había las grandes figuras, esa escuadra dirigida por Ricardo La Volpe se ganó los reflectores, pero en la primera semana de junio de 1999 muchas cámaras siguieron cada paso del equipo.

En las Semifinales, el Atlas había sido muy superior al Cruz Azul y La Volpe exigía que mantuviera el nivel.

El ritmo de trabajo bajó, porque el semestre había sido de muchas lecciones tácticas y, previo a la Final, sólo era necesario un repaso. Había risas y confianza, pero también nerviosismo.

Daniel Osorno, extremo izquierdo, era carismático y uno de los más solicitados por la prensa: “Me tomé muchas fotos con el trofeo”, recuerda. Luego se queda callado, como si el recuerdo hiciera viajar a su mente.

La juventud les pesó a muchos, incluido Rafael Márquez, quien se equivocó en el gol de Carlos María Morales apenas al minuto 2.

El segundo fue de José Cardozo, quien aprovechó los titubeos del portero Erubey Cabuto y Héctor López. Al 8′, el Toluca ganaba 2-0

“El equipo salió muy pasivo, muy tranquilo, muy dormidos, digamos”, recordó Hugo Castillo, delantero argentino de los Rojinegros.

Un día antes de la ida de la Final, César Andrade practicó disparos de primera con centros desde la banda derecha, pero la mayoría volaba. Justo en el partido en el Estadio Jalisco se le presentó una jugada similar.

“No la podía volar, ya las había volado en el entrenamiento”, compartió, con tono apasionante.

Luego de empalmar de manera perfecta el balón, revivió al Atlas, al 21′.

Los Rojinegros se fueron con ojos pelados y caras largas al vestidor: perdían 3-1, pues el  “Tanque” Morales les había marcado uno más.

“Un equipo que llega a la Final tiene que estar motivado, no pasa todos los días”, dijo La Volpe antes del partido. En el medio tiempo regañó a su equipo, diciéndole que, con esa actitud, todos podían irse a casa en ese momento.

En el segundo tiempo, el Atlas volvió a su juego dinámico, vistoso y eficaz.

Juan Pablo Rodríguez salió jugando con Márquez, quien mandó un cambio de juego para Andrade; éste se combinó de manera perfecta con Osorno para luego centrar a la llegada de Castillo. “¡Qué golazo!”, dijo La Volpe, mientras aplaudía.

La máquina rojinegra retomó el ritmo. La afición, encima del Toluca, y era inminente el empate 3-3, pues las jugadas colectivas volvían locos a los Diablos Rojos. Márquez, con la cabeza, marcó para el empate.

“Nosotros pudimos reaccionar a todo aquel potencial que tenía el equipo de Toluca y que, con jóvenes y gente de experiencia, pudimos hacer un equipo de época”, recordó Márquez.

El Atlas se ganó el apoyo de sus aficionados y de los del archirrival, el Guadalajara; muchos asistieron a ese partido con camisetas de las Chivas, pero con sellos de los Zorros en las mejillas.

Si la expectativa para la Final de ida era grande, para la vuelta, en el Estadio Nemesio Díez, se disparó.

“Estoy confiadísimo, porque considero que este equipo va a jugar un buen futbol, que va a desarrollar lo mejor que tiene dentro de la cancha, pero alguno de los dos tiene que ganar”, expuso La Volpe, en el aeropuerto, antes de volar a Toluca.

Un auténtico infierno los esperaba, pero la ilusión de la afición y su espera de 48 años los impulsaba.

De manera sorpresiva, el “Misionero” marcó el primero, a los 45 segundos.

El juego de vuelta fue intenso. Al 27′, los Diablos le habían dado la vuelta al marcador, con goles de Cardozo y Alberto Macías.

El técnico escarlata, Enrique Meza, vivía el juego con mesura, pero no La Volpe, quien lucía una camiseta polo gris y unos lentes oscuros colgados.

Los constantes arribos de Andrade por el sector izquierdo trajeron dividendos: centro rematado por Miguel Zepeda al 50′. Era el 2-2 (5-5 global).

El nerviosismo se presentó en la cancha. Aunque el Toluca era local, en el Nemesio Díez se sentía la angustia: sabían que cualquiera podía ganar.

Cuando los Diablos se fueron encima de los Rojinegros, apareció el colmillo de La Volpe, quien se fue expulsado y, para cortar el ritmo del Toluca, atravesó la cancha, hizo señas a la tribuna a le dijo “puto” a Darko Vukic, media punta de los locales.

En tiempo extra el marcador se mantuvo y llegaron los penaltis: erraron Osorno y Julio Estrada, quien reconoció que ese yerro es su carta de presentación a donde quiera que va.

Cristante apagó el fuego tras detener el disparo del “Jerry” desde los 11 pasos. Los Niños Héroes no pudieron cortar la sequía de 48 años de títulos de Liga de Atlas.

“Fue espectacular. Recuerdo que fue algo para toda la afición, aunque no fuera del Toluca o el Atlas. Fue una de las mejores Finales por el espectáculo que fue, nosotros sabíamos a qué nos enfrentábamos”, expuso Márquez.

Aunque perdieron, en el vestidor no hubo reclamos. El ambiente era triste, pero, al mismo tiempo, de satisfacción.

El ánimo no mejoró en el vuelo de regreso a Guadalajara, pero en casa los gestos de amargura comenzaron a aliviarse por el gran recibimiento de la afición en el aeropuerto, como si hubieran sido campeones.

Es costumbre que el Presidente de México reciba al equipo campeón, pero esa ocasión Ernesto Zedillo visitó Colomos para reconocer en persona a los subcampeones.

En la comida felicitó al plantel y le dijo que, para él, el Atlas era el campeón.

Dicen que de los subcampeones nadie se recuerda…

Leave a Reply