El Atlas que debió ser campeón

Gritos, juventud, repeticiones y una concepto constante: sistema de juego.

Mientras Ricardo Antonio La Volpe se mecía los cabellos, desesperado, en las canchas de Colomos, el Atlas iba en ascenso.

La Volpe llegó en el Invierno 97 y comenzó a conjuntar a un equipo dinámico y juvenil, pero soportado con futbolistas experimentados.

En el Verano 99, el Atlas ganaba partidos y seguidores.

La Volpe insistía en salir con el balón controlado y la línea de cinco le traía dividendos: sólo perdió 3 partidos de 23, incluidos los de Liguilla. Esto, lo afinaba en los entrenamientos largos, mismos que duraban de dos horas y media hasta tres.

La eficacia colectiva estaba muy por encima de las figuras individuales.

De pronto, La Volpe modificaba a su equipo y lograba que jugara a lo mismo, aunque fuera de diferente forma: siempre ofensivo, veloz, atrevido e imaginativo.

“Atlas trabaja para un campeonato; Atlas no trabaja para cada equipo. Si para cada equipo tengo que trabajar una semana, esto sería un desorden. Atlas trabaja con un orden y una manera de jugar, sea contra quien sea y juegue contra quien juegue”, dijo La Volpe en 1999.

El aporte del argentino Hugo Castillo en este equipo era clave: lucía en tres cuartos de cancha y en la zona de la definición.

Las buenas cuentas del equipo trajeron convocatorias a Selecciones: Juan Pablo Rodríguez, Mario Méndez, Daniel Osorno y Rafael Márquez participaron en el Mundial Sub 20 de Nigeria.

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