Cuando los oficiales juegan

Un touchdown, un gol de campo o una buena jugada defensiva puede definir todo un partido, una temporada y hasta un título.

Y, en otras ocasiones, un error de los oficiales también lo puede hacer.

Ese es el sentimiento a lo largo y ancho de Nueva Orleans, pues una interferencia defensiva no marcada por los oficiales le arrebató una oportunidad dorada de alzarse con el título de la Conferencia Nacional a los Santos, así como el boleto para disputar el Súper Tazón LIII.

En tercera oportunidad y con 10 yardas por avanzar, en la yarda 13 de los Carneros, con 1:48 por jugar. La pizarra marcaba 20-20. Entonces Nickell Robey Coleman, esquinero de Los Ángeles, atropella a Tommylee Lewis, receptor de Nueva Orleans, cuando éste estaba por recibir el balón a pase de Drew Brees.

Dos oficiales, a menos de 5 yardas de la acción, optaron por guardarse un castigo que parecía obvio desde cualquier punto del Mercedes Benz Superdome, así como a través de la pantalla de televisión.

No lanzar el pañuelo le costó a los Santos la primera oportunidad dentro de la yarda 5 del rival y se vieron obligados a ponerse arriba en el marcador por sólo 3 puntos.

Unos segundos después, los Carneros conectarían el gol de campo del empate, para después anotar el del gane, ya en tiempo extra.

Minutos después del encuentro, Al Riveron, vicepresidente de oficiales de la NFL, le admitió a Sean Payton, entrenador en jefe de los Santos, que el grupo de oficiales se había equivocado al no marcar castigo en la jugada, por el agresivo y anticipado golpe, costándole a su equipo un muy posible viaje al Súper Tazón LIII, el segundo en la historia de la franquicia.

Esta no es la primera ocasión que los oficiales determinan el rumbo de un juego de Postemporada de esta manera, sin embargo, el eco de esta jugada podría llevar a un cambio en el reglamento, así como al despido del mismo Riveron o uno de los oficiales involucrados.

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